Me acuerdo cuando me encontré en esa fonda Michael Jackson con la Denisse y me pregunta: “estai pololeando”, yo le respondo: “sipo, con la A.”.
Ella me mira con una cara de espanto y me dice: “ella es la persona más odiosa que conozco. Ella odia todo”.
A veces todavía extraño su odio.
Hoy hablaba con Sarah sobre las personas locas. Las dos llegamos a la misma resolución: nos gustan las personas locas porque no hay nada más terrible que ser una persona normal.
Yo siempre he sabido de mi fascinación por estos seres y al parecer éstos lo perciben porque siempre se me acercan para intercambiar palabras. Donde quiera que esté, en alguna fracción de segundo, estaré con un loco.
Así fue cuando me acordé de ese día en Bruselas. Estaba lloviendo y estábamos caminando muertas de hambre en la búsqueda de un restorant para llenar nuestras almas. Al lado de la entrada habían unas mesas y un señor dormía bajo el techo con un sombrero de vaquero. Nos sentamos, pedimos lasañas y vino caliente. Mientras tanto, bajé al baño y me saqué fotos en el espejo porque pensé que nunca más iba a estar en Bruselas en un día gris como ese.
Regresé. Pedímos más vino caliente y me contaste de tu vida en Évreux. Por el rabillo del ojo pude percibir que se acercaba el vaquero de la tercera edad tambaleándose hacia nuestra mesa. Nos escucha hablar y nos pregunta en inglés qué idioma hablamos, yo le respondo español.
Me acuerdo que me miraste con una cara horrenda porque le había contestado al hombre, pero a mí no me importaba, porque yo sabía que nunca más iba a estar en Bruselas en un día como ese. El señor reconoce nuestro acento y al parecer había vivido en Chile recogiendo uvas bajo el sol, y por consecuencia de este acto nos afirmó que se le había quemado el cerebro. Luego que solía vivir en California y que había tenido mucho dinero pero que se le quemó la casa con su hijo adentro.
Entre toda esta verborréa cuenta que ha padecido de 4 ataques al corazón y que tiene que cuidarse al tener sexo con su mujer para que no le explote el miembro. Además como tiene el cerebro con carbón el estado le paga todos los meses porque no puede trabajar. Tú no intercambiaste ninguna palabra, yo conduje todo el diálogo hasta que bajaste las escaleras y el octogenario me dice: “ay eres tan linda que te tendría aquí”, extiende sus brazos y hace una seña de que me haría cariño. Yo le respondí: “no me diga eso que usted podría ser mi abuelo”, el hombre replica: ” pero no lo soy”.
Volviste del baño, nos tomamos nuestro vino caliente y me sacaste esta foto.